Tal como sucediera en diversos países latinoamericanos, el parapente llega a República Dominicana de la mano de viajeros extranjeros que habían aprendido el arte de volar de la forma más pura, en otras regiones del globo. En nuestro país, existen evidencias de vuelo en parapente anteriores a 1990.

Sin embargo, la semilla que llegó a germinar en el país fue sembrada alrededor de 1994, cuando el primer dominicano probó la adictiva fórmula de volar como las aves, y un significativo grupo de aficionados comenzó a formarse. Estos pioneros, a pesar de no contar con una instrucción adecuada ni con equipos modernos, inauguraron, con la ayuda de algunos extranjeros, los primeros sitios de vuelo en la turística Jarabacoa y en Azua. 

Con el correr de los años, la llegada de parapentistas de otros rincones del planeta, imprimió el empuje que la actividad necesitaba para consolidarse como una práctica deportiva continua, en contraste con las apariciones esporádicas que estas aeronaves de nylon venían haciendo en los cielos dominicanos desde los albores de la década de los 90. 

La asociación Parapente Dominicano surge en Julio de 2003 de la iniciativa de un grupo de pilotos conscientes de la necesidad de aunar esfuerzos en la importante tarea de orientar el desarrollo de la actividad, garantizando un crecimiento sostenible en toda la esfera comprendida y afectada por la misma. Son nuestras principales áreas de interés, las siguientes: seguridad, estándares en la formación de pilotos, desarrollo de la infraestructura de los sitios de vuelo, proyección de la actividad a nivel nacional e internacional, reglamentación interna, intermediación con las autoridades aeronáuticas nacionales.

Por: Julián Molina